
fuiste nuestra estrella
pero nunca te encendiste:
estabas muerta desde que naciste
te seguimos desde chiquitos
y nos ilusionastes
los sábados fueron días de santos
y todos ibamos a tu misa
en cuyo verde altar
devorarías todas nuestras felicidades
y nuestros sueños de ascenso
te seguimos más de diez torneos
y te cagaste
te seguimos en cinco finales
y nos fallaste
copamos más de veinte potreros
donde con un sólo grito
nos volvíamos locales
y nos pasate por el culo
fuiste como un pastor evangelista brasilero
quien nos obnubilara con la llegada
de ese uruguayo
que no valía dos mangos,
patadura, comilón y garca
te seguimos por todos lados
y te reías de nosotros
mientras nos acariciabas
mostrándonos empolvados trofeos
de victorias pasadas
tuviste el estadito con popular vieja
y platea recién estrenada,
pero el fútbol
nunca fue lo tuyo
-y nosotros te creímos-
en la cancha de Escalada
yo me sentí desganado,
pero te di una oportunidad más
ya sabía que no ganarías ni al balero
a las bochas o la rayuela,
pero yo sí iba a lograr mi ascenso
quemando los tablones
de la cancha de los chetos